Dunkerque es la película de Christopher Nolan que más ha jugado con la percepción temporal. Se convierte así en uno de esos directores imprescindibles que hay que ver y conocer. Ya tiene muchas obras de arte a sus espaldas, “Origen”, “Interestelar”, la genial “Memento”…  y hoy se reafirma con “Dunkerque” con la que consigue innovar.

No es de extrañar este resultado si tenemos en cuenta que el director ha conseguido reflejar su personalidad y sensibilidad, al tratar el tema con un gran respecto, ya que su abuelo luchó y murió precisamente ahí, en Dunkerque. Es inevitable confirmar que plasma a la perfección el miedo y las tensiones de una batalla, consiguiendo la inmersión del espectador. Nolan consigue ofrecer ese toque de realidad inspirándose además en imágenes documentadas de la propia batalla.

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Destacamos principalmente el tratamiento del tiempo que hace el director británico, utilizándolo de forma magistral. En menos de dos horas de película cuenta tres historias en tres tiempos distintos. Una historia dura una semana, otra un día y por último una de una hora. Estas se van intercalando constantemente y se unen al final.

Este gran tratamiento temporal eclipsa al guion que cuenta una historia a la que le falta “chispa”. La obra no es perfecta, ya que cada elemento por separado es decir, música, imágenes, sonidos, silencios, no son de una gran calidad, pero al unirse forman algo fantástico. Este conjunto forma una de las mejores películas del director londinense que la ha dirigido de forma asombrosa.

La película es bélica por ende es violenta. Por eso sorprende que la estética sea absolutamente preciosista, cuidando especialmente tanto el vestuario como el color y la saturación. Así, de una manera sutil, llega a recordar a otro de los mejores largos militares de la historia como es la única película por la que Steven Spielberg ha ganado un “Oscar”, “Salvar al soldado Ryan”, cuya fotografía es semejante.

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El mayor error de la película es su final. Éste tiene dos fallos: el primero es que, al juntar los tiempos y explicárnoslo de manera lineal, se hace eterno por lo que el único error que se le puede sacar al montaje es que le falta velocidad. El segundo fallo es a nivel de guion. Nolan nos ha acostumbrado a finales abiertos he intensos y en este caso la película está totalmente cerrada, sin apenas intensidad.

Hay que señalar que la película está rodada en 70mm. Al igual que otros directores, Nolan es de los que prefiere la maravillosa experiencia de grabar en analógico, con su estética, grano… sin depender de los pixeles. Lo que es más “postureo” que realidad, ya que el 90% de los cines tienen solo proyectores digitales por lo que aunque ruede en analógico después tendrá que digitalizar para la proyección. Así que dependemos igual de los pixeles y perdemos más tiempo.

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Parecía que ya no se podía renovar en el cine, pero este director lo ha conseguido haciendo un montaje distinto. Algo en lo que no se innovaba desde la obra de arte “Pulp Fiction”. Es evidente que tenemos Nolan para rato y nos da una esperanza para creer que aún se puede innovar, que no todo está hecho y tenemos una razón para saber que no nos vamos a cansar de nuestro querido séptimo arte.

 estrellas

Alejandro Cid